CUBRIMIENTO ESPECIAL · LAFT AMÉRICA 2026 · 11.ª EDICIÓN
Revista Apuesta Colombia continúa su cubrimiento de la 11.ª edición de LAFT América, el congreso que organiza y lidera Asojuegos. En una de las conferencias de la agenda, el consultor Víctor Hugo Guerra explicó cómo se organiza hoy la economía criminal y por qué la industria del juego debe mirar el ecosistema completo, no solo la transacción individual.
La agenda académica de LAFT América 2026, que se realiza en Bogotá bajo la consigna “Cero tolerancia con el lavado de activos”, tuvo entre sus invitados especiales a Víctor Hugo Guerra, consultor en prevención de lavado de activos de Estados Unidos, quien regresó al congreso para hablar de las nuevas dinámicas de las economías criminales.
Guerra se presentó como abogado con práctica en comercio internacional, especializado en lavado de activos a través del comercio, y agradeció a Asojuegos por la invitación. Desde el inicio dejó la frase que repetiría al cierre: “Los buenos somos más, pero tenemos que organizarnos”.
Un problema global
“No centralicemos un país, no centralicemos un mercado”, pidió Guerra al iniciar su exposición. Para el conferencista, las amenazas que hoy enfrentan las organizaciones son globales: “Pasa en Colombia, pasa en Suiza”.
Como contexto, planteó que, en su lectura, el péndulo político en la región se está moviendo de la izquierda hacia la derecha, con referentes como el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, y el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. En ese escenario, destacó la renovada importancia de América Latina para Washington, el nearshoring y la forma en que la asimilación de los carteles de la droga a organizaciones terroristas se convirtió en parte del mensaje de seguridad nacional de Estados Unidos. También señaló el debate geopolítico entre Estados Unidos y China por su presencia en la región.
Quince minutos de noticias al día
Una de sus recomendaciones más prácticas para los oficiales de cumplimiento fue sencilla. Recordó que las organizaciones invierten en sistemas de monitoreo importantes y costosos, pero insistió en un hábito que no cuesta: “Quince minutos de lectura diaria de las noticias, por favor”.
Según explicó, las noticias y los documentos que las agencias públicas publican de manera gratuita muestran hacia dónde van las decisiones económicas, políticas y sociales. Con esa información, los equipos pueden revisar su sistema de monitoreo y pedirle a su proveedor que lo calibre. Entre esas lecturas recomendó el documento de seguridad nacional que Estados Unidos publica cada año.
La empresa criminal: redes que gestionan el riesgo
Guerra explicó que el esquema tradicional del crimen organizado funcionaba como una pirámide: si se eliminaba al líder, el cartel desaparecía. Hoy, en cambio, se habla de redes, que técnicamente funcionan como sistemas adaptativos complejos.
A esto se suma, según advirtió, la penetración de las instituciones. Las organizaciones criminales buscan tener un diputado, un senador, un juez o un funcionario del Ejecutivo que les permita controlar y facilitar su actividad.
El conferencista insistió en que la empresa criminal no gestiona costos, sino riesgos. Por eso elige las rutas y los puntos de salida donde hay menos control, y diversifica su negocio: además de droga, maneja contrabando de cigarrillos, alcohol, medicamentos y gasolina. También describió cómo el tráfico de personas se combina con el transporte de dinero y narcóticos, y lo comparó con el “combo” de un restaurante de comida rápida.
El comercio internacional como canal de lavado
Para Guerra, el lavado de activos ya no se limita al sistema financiero: también se abusa del comercio internacional mediante sobrefacturación, subfacturación, facturas falsas y conocimientos de embarque (BL) manipulados, para hacer pasar como válida una mercancía comprada con recursos ilícitos.
Para ilustrarlo, expuso un ejemplo. Al agricultor de hoja de coca no le llegan ni 1.500 dólares por lo necesario para producir un kilo de cocaína. Ese kilo, puesto en Nueva York, representa una inversión de unos 30.000 dólares que, al venderse en la calle, deja cerca de 100.000. Ese dinero, explicó, puede reinvertirse en un contenedor de 40 pies con 10 millones de cigarrillos desde China hasta la Zona Libre de Colón, en Panamá, para obtener una ganancia aproximada de un millón de dólares por contenedor, declarando la mercancía como otro producto para evadir el impuesto especial.
El riesgo para bancos y empresas, advirtió, aparece cuando el empuje por llegar a la meta comercial pesa más que un monitoreo adecuado.
Las cifras, solo la punta del iceberg
Guerra precisó que la economía criminal no lleva registros oficiales. Las cifras disponibles son el resultado de incautaciones y operaciones de las autoridades, por lo que, dijo, “estamos viendo la punta del iceberg”.
El caso Lili Pink
Entre los casos recientes destacó el de Lili Pink, en el que, según expuso, la economía criminal utilizó un esquema comercial entre Panamá, Nicaragua, Colombia y Venezuela para lavar cerca de 400 millones de dólares a través de tiendas ubicadas en centros comerciales de Bogotá. El caso fue detectado gracias a las operaciones de la Fiscalía, las unidades de inteligencia financiera y la Policía. “El mensaje aquí fue la colaboración multisectorial”, afirmó.
Su advertencia fue clara: para el crimen organizado es más barato y más seguro usar los mecanismos formales, como las zonas francas, los beneficios tributarios o las devoluciones de IVA, que esconder el dinero en caletas, donde “se pudre”. Por eso, explicó en la voz de un criminal, el interés está en entrar a negocios que ya tienen la licencia, como una casa de juego.
El juego: legal, regulado y aun así vulnerable
Al referirse directamente a la industria, Guerra fue preciso: la actividad del juego es legal, está regulada y cumple las normas, pero por su volumen y su velocidad es susceptible de ser penetrada por actores criminales que aprovechan los espacios regulatorios. Añadió que la digitalización ha convertido la identificación y el control en un gran reto para el gaming y las apuestas en línea.
También llamó la atención sobre dos extremos. Por un lado, la brecha regulatoria, cuando la tecnología avanza por un camino y el regulador por otro. Por el otro, la sobrerregulación, que puede crear normas que nadie entiende y abrir espacios que los criminales aprovechan.
El caso de los videojuegos en Venezuela
Como ejemplo, recordó lo ocurrido en Venezuela tras la devaluación del bolívar. Más de un millón de venezolanos intercambiaban los recursos que ganaban en videojuegos como Fortnite por criptoactivos que luego convertían en dólares. El videojuego era legal y el criptoactivo también, pero actores criminales vieron allí una oportunidad para lavar dinero mediante la compra de cuentas de juego, transferencias entre jugadores, ventas en mercados secundarios y conversión a criptoactivos. La velocidad con la que se abren y cierran estos esquemas, explicó, complica la persecución por parte de las autoridades.
“Mirar el ecosistema completo”
La conclusión para el sector fue que el riesgo no empieza ni termina en el apostador. Debe extenderse a los beneficiarios finales, los proveedores digitales, los medios de pago y las conexiones transfronterizas. “Mensaje para Colombia: mirar el ecosistema completo, no solo la transacción individual”, resumió.
Para lograrlo, recomendó conocer la identidad del cliente, sus pagos, sus patrones de juego y el operador de la plataforma; comprender adecuadamente el origen de la riqueza y tener una visión 360 de la actividad. Todo ello, dijo, para prevenir no solo el riesgo legal, sino también el reputacional.
Corrupción, tecnología y cultura de cumplimiento
Guerra se refirió a la corrupción como “el aceite que mueve la economía criminal” y recomendó seguir el índice de percepción de Transparencia Internacional, que, recordó, los inversionistas revisan antes de entrar a un país. También pidió que la lucha contra el crimen vaya más allá de la foto de las incautaciones: “No es tomarse la foto”, sino lograr una cooperación interinstitucional efectiva.
Sobre la tecnología, afirmó que se ha democratizado “para lo bueno, lo malo y lo feo” y que, para la economía criminal, ha sido un impulso exponencial. La inteligencia artificial, dijo, no sustituirá la inteligencia natural, pero está marcando la pauta en velocidad e impacto. Explicó que existen dos aproximaciones a su regulación: la europea, enfocada en el control y la prevención, y la estadounidense, orientada a facilitar el desarrollo tecnológico con menos regulación.
Su mensaje de compliance fue que el reto no es escoger entre innovación y controles, sino contar con sistemas, personal y una cultura de cumplimiento que hagan viable la innovación.
“Cada peso pesa”
Al cierre, Guerra presentó los libros sobre economía criminal que ha publicado, entre ellos trabajos sobre política pública, casos y criptoactivos, y los ofreció a los asistentes. Terminó como empezó: “Los buenos somos más, pero tenemos que organizarnos. Cada peso pesa”, y recordó que la transparencia debe ser la meta.
Revista Apuesta Colombia continúa con el cubrimiento de la 11.ª edición de LAFT América, el congreso que organiza y lidera Asojuegos.






