Jhon Ortiz y Sandra Urbano construyeron juntos, en Pasto, Nariño, una de las empresas de juegos de suerte y azar más sólidas. Su historia comenzó hace 23 años, con una sola máquina, un sueño compartido y, de por medio, una historia de amor.
Una ciudad sorpresa, un encuentro que lo cambió todo
Pasto, la llamada «ciudad sorpresa», guarda entre sus calles historias de emprendimiento que desafían los estigmas y la distancia geográfica. Una de ellas es la de Casino Super Suerte, una empresa familiar que nació de la coincidencia, creció con disciplina y hoy proyecta convertirse en una cadena de siete salas distribuidas en el sur de Colombia.
Todo comenzó cuando Jhon Ortiz era técnico de reparación y mantenimiento de máquinas de casino. Viajaba a donde lo llamaran, prestando su servicio en distintas poblaciones de Nariño. Fue precisamente en uno de esos viajes donde el destino lo puso frente a su futuro suegro. «El papá de ella tenía un casino en una población aquí en Nariño y me ubicó para que le colaborara reparando unas máquinas», recuerda Jhon. Ese día no solo arregló las máquinas: conoció a Sandra, la hija del dueño del establecimiento, quien llevaba tiempo apoyando la gestión del negocio familiar.

Primero el amor, luego la empresa… o las dos cosas a la vez
La conexión fue inmediata, en lo personal y en lo profesional. Jhon adquirió su primera máquina y la colocó en participación en el casino de don Luis, el padre de Sandra. «La maquinita era muy rentable, a pesar de que era una sola. Nos iba muy bien», recuerda con una sonrisa. Así, el amor y la empresa florecieron al mismo tiempo, de la mano, como él mismo describe.
DESTACADO «El amor y el negocio surgieron juntos. Era un negocio que me gustaba, que miraba que era muy bueno», dice Sandra Urbano, cofundadora de Casino Super Suerte.
El nombre que los identifica: regional, autóctono y con historia
Con el paso de los años, la visión creció. Para cumplir con los requisitos de Coljuegos —la entidad que regula los juegos de suerte y azar en Colombia—, la empresa debía contar con al menos 80 máquinas. Jhon y Sandra arrancaron con 54 en Pasto y 26 en Ipiales. Fue precisamente en la ciudad fronteriza donde encontraron el nombre que los identificaría: en el local que ocuparon, años atrás había funcionado un casino llamado Super Suerte. «Nos gustó porque es un nombre regional, autóctono, a diferencia de otros casinos que toman referencias de Las Vegas», explica Jhon. La decisión fue unánime.
Win Systems: el aliado tecnológico que hizo posible el despegue
Un capítulo fundamental en esta historia fue la llegada de Win Systems —antes conocida como Gold Club— como proveedor tecnológico. Al principio, la empresa no contaba con el capital suficiente para comprar los equipos, pues la marca no ofrecía opción de participación. Sin embargo, un llamado oportuno a la comercial Cristina Quintero cambió el panorama. «Nos dijo que sí daban las máquinas en participación. Ese fue el detonante para que dijéramos: ya podemos arrancar«, cuenta Jhon. Desde entonces, la alianza con Win Systems ha sido uno de los pilares tecnológicos del negocio. Las ruletas electrónicas de la marca, en particular, tuvieron una excelente acogida en Nariño por su facilidad de uso, tanto para los clientes como para el personal.

Roles claros, respeto mutuo y una sociedad que funciona
Trabajar juntos, en pareja, requirió desde el principio establecer reglas claras. Cada uno tiene su rol definido: Sandra lidera la parte operativa, la gestión del equipo humano y las finanzas; Jhon se encarga del soporte técnico, el mantenimiento y la reparación de los equipos. «Las reglas de juego desde el principio fueron clave», reconoce Jhon. Sandra añade que la clave está en la comunicación: los desacuerdos, cuando los hay, se resuelven en casa, con calma y siempre buscando el consenso. «Por lo general, siempre estamos de acuerdo los dos en todo lo que se presenta y en todos los proyectos que vienen», afirma ella.
La semilla que ya germina: tres hijos y el relevo generacional
La familia también ocupa un lugar central en esta historia. La pareja tiene tres hijos. La mayor, de 21 años, estudió Derecho y ya está haciendo su pasantía; próximamente asumirá la parte jurídica de la empresa. La segunda hija, de 16 años, muestra aptitudes para la administración y la contabilidad. Y el menor, de 13 años, ya le pide a su padre que le enseñe a manejar el alicate y el destornillador. La semilla empresarial parece estar bien plantada.
DESTACADO Casino Super Suerte proyecta llegar a siete salas entre Pasto, Ipiales y Mocoa, consolidándose como la cadena de entretenimiento más importante del sur de Colombia.
Lo difícil, lo hermoso y la mirada hacia el futuro
Lo más difícil del camino, coinciden ambos, fue el proceso de contratación con Coljuegos y los trámites relacionados con los usos de suelo ante las alcaldías. «Se demoró demasiado y es un poco complicado», reconoce Jhon. Sin embargo, si pudieran regresar y cambiar algo, la respuesta es clara: nada. «El proceso ha sido muy bonito. Todo tiene sus pros y sus contras, pero ha sido mucho más lo bonito que lo difícil», concluye Sandra.
Hoy, doce años después de constituir formalmente la empresa, Casino Super Suerte opera tres salas en Pasto, una en Ipiales y se prepara para abrir una nueva en Mocoa, Putumayo, con una meta clara: llegar a siete salas en total. Desde Pasto, esa ciudad que sorprende a quienes la visitan con su crecimiento y su organización, Jhon y Sandra siguen apostando por su tierra, por su empresa y por la historia que empezaron a escribir juntos hace más de dos décadas, con una sola maquina y mucha suerte.







