El empresario alemán falleció el 21 de agosto de 2026, poco antes de cumplir 92 años. Durante 67 años estuvo vinculado al desarrollo del Grupo Merkur, compañía que pasó de ser un negocio unipersonal a consolidarse como un grupo internacional con más de 15.000 empleados y una facturación total aproximada de 2.100 millones de euros.
Paul Gauselmann, fundador y durante décadas presidente del Consejo de Administración del Grupo Merkur, falleció a los 91 años, poco antes de cumplir 92.
Nacido en Westfalia, Alemania, su trayectoria estuvo estrechamente ligada al desarrollo de la industria de máquinas recreativas y de entretenimiento. A lo largo de 67 años contribuyó al crecimiento de la compañía que fundó y, durante décadas, también ejerció como defensor de la industria alemana de máquinas recreativas en su conjunto.
En 2003 recibió la Cruz Federal del Mérito de Primera Clase y, un año después, fue distinguido como ciudadano honorario de las ciudades de Espelkamp y Lübbecke. Le sobreviven su esposa, Karin, sus cuatro hijos, nueve nietos y siete bisnietos.
La noticia de su fallecimiento causó un profundo impacto en la sede central del Grupo Merkur, ubicada en Merkur-Allee, Espelkamp, así como en las instalaciones de producción de Paul-Gauselmann-Straße, en Lübbecke.
Entre los trabajadores era conocido como “PG”, una forma de referirse a él que reunía respeto y cercanía. Su presencia continuó siendo habitual dentro de la compañía incluso después de abandonar la alta dirección del Grupo en 2024. Durante varios meses siguió asistiendo a la oficina los martes y jueves para mantenerse al tanto de las operaciones diarias.
De un negocio unipersonal a un grupo internacional
Durante 67 años, Paul Gauselmann fue uno de los principales artífices del crecimiento del Grupo Merkur. Lo que comenzó como un negocio unipersonal terminó transformándose en una organización internacional con más de 15.000 empleados y una facturación total aproximada de 2.100 millones de euros.
Dentro de la compañía fue reconocido por mantener una relación cercana con sus trabajadores, independientemente del cargo que ocuparan. Acostumbraba dedicar tiempo a conversar con ellos, agradecer su trabajo o interesarse por diferentes aspectos de sus funciones.
Su propia experiencia como empleado influyó en esa manera de entender el liderazgo empresarial. Gauselmann consideraba fundamentales el reconocimiento y la comunicación en igualdad de condiciones, principios que mantuvo a lo largo de su trayectoria.
Una infancia marcada por la posguerra
Paul Gauselmann nació en 1934 en Borghorst, cerca de Münster, en Westfalia. Cuando tenía apenas dos años perdió a su madre y posteriormente fue criado por familiares en Münster, separado de su padre y de sus cuatro hermanos.
Tenía cinco años cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial. Durante su infancia vivió los bombardeos, el miedo constante y las dificultades propias del conflicto. Esas circunstancias lo llevaron desde una edad temprana a desarrollar una capacidad particular para improvisar y encontrar soluciones ante las dificultades.
Durante las largas noches marcadas por las sirenas antiaéreas también descubrió el valor que podían tener los juegos como forma de entretenimiento y distracción frente a circunstancias difíciles.
“Simplemente usábamos los juegos para pasar el tiempo y distraernos de nuestros miedos”, recordó en una ocasión.
Sus primeros pasos profesionales
En 1950 se graduó con honores e inició un aprendizaje como inspector de telecomunicaciones. Posteriormente fue ascendido rápidamente hasta convertirse en jefe de su propio departamento de inspección.
En 1956 comenzó a trabajar para un fabricante de máquinas expendedoras ubicado en Coesfeld, que además se desempeñaba como importador general de las máquinas de discos estadounidenses Wurlitzer.
Durante esta etapa, Gauselmann desarrolló la primera unidad de selección remota para máquinas de discos alemanas. El desarrollo fue presentado a Harting, fabricante de máquinas de discos con sede en Espelkamp.
Poco después fue contratado como técnico por la compañía y, apenas cuatro años más tarde, con 26 años, fue promovido a jefe del departamento de desarrollo de máquinas. De esta manera comenzó su historia empresarial en Espelkamp, ciudad que posteriormente adoptaría como su hogar junto a su joven familia.
El camino hacia la independencia empresarial
La energía y creatividad que caracterizaron su trayectoria estuvieron acompañadas por un fuerte deseo de independencia.
En 1957 comenzó paralelamente a trabajar como operador autónomo de máquinas de discos. En 1964 tomó la decisión de dedicarse completamente a la operación de máquinas recreativas dentro del sector de la hostelería.
En aquella época, las máquinas recreativas comerciales permanecían prácticamente alejadas de la exposición pública. Gauselmann buscó transformar ese concepto.
En 1974, cuando tenía 40 años, abrió su primer salón recreativo en Delmenhorst, Baja Sajonia. El establecimiento fue desarrollado bajo estándares comparables con los de un hotel de cuatro estrellas.
Tres años después, en 1977, llegó uno de los momentos determinantes para el crecimiento de su compañía. Merkur B, la primera máquina tragamonedas desarrollada internamente, logró una importante aceptación en el mercado alemán y se convirtió en uno de los principales impulsores de la expansión posterior del Grupo.
A partir de allí llegaron nuevos desarrollos propios, cientos de patentes y una expansión progresiva hacia mercados internacionales.
El sol sonriente de Merkur, imagen creada bajo su visión, terminó consolidándose internacionalmente como símbolo asociado con los juegos y el entretenimiento.
Gauselmann, sin embargo, no atribuía su trayectoria empresarial únicamente a la suerte.
“Por lo demás, no creo mucho en la suerte. Sí creo en las coincidencias, donde uno puede aprovechar la oportunidad o no”, acostumbraba señalar.
Su trayectoria estuvo marcada por el trabajo constante, la perseverancia y una fuerte voluntad para desarrollar sus proyectos empresariales.
Su participación en el desarrollo de la industria
Además de concentrarse en el crecimiento de su propia compañía, Paul Gauselmann mantuvo durante décadas una participación activa en los asuntos relacionados con la industria de las máquinas recreativas y de juegos en Alemania.
Desde la década de 1960 desempeñó un papel relevante en la definición de políticas para el sector a través de diferentes asociaciones comerciales.
Su forma de relacionarse con los demás representantes de la industria se caracterizaba por privilegiar el contacto directo y el diálogo. Durante más de 38 años participó en el desarrollo gremial de la actividad, 28 de ellos como presidente de la junta directiva de la Asociación de la Industria Alemana de Máquinas Expendedoras —Verband der Deutschen Automatenindustrie e.V.—.
Desde esta posición participó en la transformación y consolidación económica del sector.
Su influencia llegó a ser reconocida tanto por colegas como por competidores, quienes resumieron su importancia para la industria con una expresión recogida posteriormente por la compañía: “No habríamos llegado tan lejos sin Paul Gauselmann”.
La continuidad de Merkur como empresa familiar
Actualmente, el Grupo Merkur cuenta con más de 15.000 empleados, de los cuales más de 2.000 trabajan en Espelkamp y Lübbecke. Esto convierte a la compañía en uno de los principales empleadores de la región económica de Minden-Lübbecke.
Como parte de las decisiones encaminadas a garantizar la continuidad empresarial para las siguientes generaciones, en 2016 las acciones de todas las compañías pertenecientes a la familia Gauselmann fueron transferidas a la Fundación Familiar Gauselmann, que pasó a convertirse en propietaria exclusiva del Grupo Merkur.
Paul Gauselmann continuó como presidente del Consejo de Administración de la Fundación hasta 2024.
Posteriormente entregó el liderazgo a su hijo Michael Gauselmann, dejando definida la continuidad de Merkur como una empresa de carácter familiar.
La familia como uno de los pilares de su vida
Más allá de su faceta empresarial, Paul Gauselmann fue padre, abuelo, bisabuelo y esposo.
“Tengo dos Pauls”, llegó a señalar en una ocasión su esposa, Karin Gauselmann, haciendo referencia a la dimensión empresarial y familiar que convivían en su vida.
“Mi familia es el pilar más importante de mi vida, tanto en lo personal como en lo profesional”, fue también una idea que reiteró a lo largo de los años.
Conoció a Karin durante unas vacaciones de invierno en 1967. Poco tiempo después, ella dejó Berlín y se trasladó a Espelkamp, convirtiéndose en una de sus personas de mayor confianza.
Karin también ocupó un lugar importante en la vida de los tres hijos que Paul Gauselmann tenía entonces: Peter, Michael y Armin. En 1969 nació Karsten, el cuarto hijo del matrimonio.
Hasta sus últimos años, Paul y Karin Gauselmann permanecieron en su residencia ubicada en la zona rural de Espelkamp, rodeados por la naturaleza.
Desde allí, Gauselmann también recorrió diferentes lugares del mundo a través de numerosos viajes y cruceros, mientras su trayectoria empresarial aumentaba su reconocimiento internacional.
Compromiso con proyectos sociales
Su característico traje de tres piezas se convirtió durante años en una imagen reconocible dentro de la industria.
A lo largo de su trayectoria mantuvo igualmente una actividad constante en proyectos relacionados con bienestar social, cultura, deporte y salud.
Entre estas iniciativas estuvo la creación de la Fundación Paul Gauselmann, organización que posteriormente, junto a Karin Gauselmann, pasó a convertirse en la Fundación Paul y Karin Gauselmann.
Está previsto que la fortuna personal de ambos sea transferida a esta Fundación, mientras Karin Gauselmann continuará desarrollando las actividades de carácter social impulsadas a lo largo de estos años.
Su compromiso con diferentes iniciativas sociales también estuvo relacionado con los reconocimientos recibidos en Alemania. En 2004, las ciudades de Espelkamp y Lübbecke le otorgaron la ciudadanía honoraria, mientras que en 2003 recibió la Cruz Federal del Mérito de Primera Clase.
El castillo de Benkhausen y otros proyectos
En 2010 adquirió el castillo de Benkhausen, una construcción con aproximadamente 500 años de historia ubicada en Espelkamp, a pocos kilómetros de su residencia.
El inmueble se encontraba deteriorado cuando fue adquirido. Después de un amplio proceso de renovación, se convirtió en un moderno centro de formación con instalaciones hoteleras.
Un antiguo granero perteneciente a la propiedad pasó, además, a albergar el Museo Alemán de Máquinas Recreativas – Colección Gauselmann.
Gauselmann también mantuvo un compromiso particular con iniciativas destinadas a fortalecer la atención médica y los servicios de emergencia en el distrito de Minden-Lübbecke, además de apoyar diferentes clubes deportivos tanto de carácter amateur como profesional.
El tenis ocupó un lugar especial entre sus aficiones.
En su club local, Espelkamp-Mittwald e.V., participó como patrocinador y presidente honorario, además de mantenerse como integrante activo del equipo.
Ya fuera en una cancha de tenis, en la industria del juego o durante las difíciles circunstancias que vivió en Münster durante la posguerra, su trayectoria estuvo marcada por una actitud constante frente a los desafíos.
Cerca de 20 millones de euros destinados al bien común
Incluso durante sus últimos años, Gauselmann mantuvo su participación en diferentes iniciativas sociales.
Entre ellas estuvo la financiación de la construcción de dos guarderías en Espelkamp, proyecto que representó una inversión cercana a los 6 millones de euros.
Cuando posteriormente la ciudad atravesó dificultades financieras, realizó una nueva contribución por 8,7 millones de euros.
También destinó 5 millones de euros adicionales a la vecina ciudad de Lübbecke, lugar donde se encuentra ubicada la planta de producción del Grupo Merkur.
En un periodo de pocos meses, estas iniciativas representaron aportes cercanos a los 20 millones de euros destinados al bien común.
Aunque alcanzó un importante crecimiento empresarial, mantuvo durante su vida un estilo personal caracterizado por la austeridad. De acuerdo con la narrativa construida alrededor de su trayectoria, la riqueza material no constituyó la principal motivación detrás de sus acciones.
Su interés se mantuvo en apoyar proyectos que contribuyeran al desarrollo de la región, desde nuevas guarderías y vehículos para los cuerpos de bomberos hasta iniciativas relacionadas con una mejor atención médica.
El Grupo Merkur despide a su fundador
Para quienes compartieron con Paul Gauselmann, su fallecimiento representa el cierre de una extensa etapa dentro de la historia de Merkur y de la industria alemana de máquinas recreativas.
El símbolo del sol de Merkur, desarrollado durante la expansión de la compañía, permanece como uno de los elementos relacionados con su legado empresarial.
Una canción interpretada por Caterina Valente lo acompañó desde sus primeros años como joven operador de máquinas de discos y continuó teniendo significado para él durante su trayectoria:
“Donde brilla mi sol y donde brillan mis estrellas, allí se puede ver el resplandor de la esperanza y la luz de la libertad en la distancia”.
Tras su fallecimiento, el Grupo Merkur y sus empleados rindieron homenaje a quien durante más de seis décadas estuvo vinculado al desarrollo de la organización.
Paul Gauselmann deja una trayectoria relacionada con la creación y expansión internacional del Grupo Merkur, el desarrollo de la industria alemana de máquinas recreativas, el fortalecimiento de su región y diferentes proyectos sociales impulsados a lo largo de su vida.






